Cómo mantener una buena convivencia en un piso compartido

La basura sin sacar, los platos sucios apilados en la cocina o los ruidos molestos durante la medianoche son situaciones corrientes que alteran muchas de las convivencias en pisos compartidos. Si recientemente has decidido alquilar una habitación, una de tus inquietudes será mantener una buena relación con los demás convivientes. Solo deberás tener en cuenta ciertas recomendaciones para que la relación no se convierta en un roce continuo. 


1. Establecer normas de convivencia 


Cuando compartes apartamento con más personas es imprescindible decidir de común acuerdo ciertas normas de conducta. Además, determinarlas colectivamente puede funcionar como un primer acercamiento. Entre las más habituales se encuentran la colaboración o repartición de las tareas domésticas, la planificación de la compra compartida o los ruidos molestos durante la noche. 


No obstante, estas siempre pueden adaptarse a las circunstancias u horarios de cada uno de los inquilinos. Tan importante es establecer unas normas como poder cumplirlas. Es esto precisamente lo que las hace útiles, pues la función de estas pautas de comportamiento es que sean satisfactorias para todos, para que puedan reducir futuros conflictos o enfrentamientos. 


2. Respetar los horarios


Otra problemática frecuente que resulta de la convivencia con otros ocurre por no respetar los horarios. Es fundamental que todos los inquilinos comprendan los horarios de los demás para así no solo planificar las tareas domésticas o reuniones referentes al apartamento, sino para no molestar a los demás en sus horarios laborales u horarios de descanso. 


En cuanto a los descansos, puede ser que los miembros de una casa estén habituados a diferentes horarios. Por lo tanto, es recomendable mantener unos en los que no se deba hacer ruido o molestar. Esto no quiere decir que los demás deban acostarse al mismo tiempo, pero sí que no interrumpan el descanso del resto, aunque estén despiertos. 


3. Facilitar la comunicación 


No obstante, mantener unas costumbres de comportamiento no implica que los ocupantes de una casa no deban comunicarse más. En realidad, aún habiendo establecido unas es común que ocurran malentendidos, conflictos e incluso enfrentamientos. Puede que tu compañero de piso estudie hasta tarde con la televisión o la radio encendida, mientras que tu te acuestas temprano. O puede que su música esté demasiado alta para tus oídos. Para solucionar estas diferencias hace falta comunicación, pero la comunicación tiene que darse de una forma que no amenace al otro, siempre buscando una solución que sea adecuada para ambas partes.